viernes, 27 de junio de 2008

Carta de un alumno
desesperado


Desde el primer semestre de la carrera escuché hablar sobre un dúo, dos profesores emblemáticos en la escuela de Comunicación Social, en la UCAB Guayana. “¡Robinson! Ese profesor es el más ladilla que he visto” comentaban en los pasillos. Ivonne, su esposa “muy cariñosa, pero muy estricta a la vez”,
Robinson Lizano e Ivonne Rincón, el dúo dinámico del cual ningún estudiante de la carrera de periodismo del núcleo Guayana de la Universidad Católica Andrés Bello se puede salvar, no sólo porque son esposos, o porque los dos trabajen en la misma universidad y en la misma mención, sino por lo que supone verlos casi todos los días dándote clases y mandándote a hacer cualquier cantidad de videos y entrevistas a un sin fin de personas extrañas que para el momento de iniciar tus estudios ni pensabas que existían.
Al momento de oír estos comentarios sólo me preocupaba salir bien en mis materias del primer semestre, materias que, aclaro, sólo eran teóricas, Historia Universal I, Teorías de la Argumentación, Morfosintaxis, además de otras cuatro. La que más se acercaba a una práctica era Comunicación Oral, en la que teníamos que exponer informaciones que bajábamos de internet, y en la que se evaluaba la calidad expositiva de cada alumno al hablar en público.
En el segundo semestre seguían las teorías, Historia Universal II, Movimientos Artísticos, Redacción I, en fin, materias que podía estudiarlas de una noche para la mañana siguiente, sólo tenía que aprenderlas al caletre y luego escupirlas en una hoja, de acuerdo a los requerimientos del examen. Mi récord académico era muy bueno, ¡era bueno, para el caletre!
El tercer semestre pasó sin previo aviso y sin muchas molestias, vi por primera vez estadística, cosa que, para aquel entonces, me pareció extraño, ya que no entendía que hacían los números mezclándose con las letras, pero bueno, pa’lante, decía yo.

I parte, llegó el terror

Pasé para el cuarto semestre, cero carrera y con todas las bases llenas, ya me molestaba tanta palabrería, quería acción, quería salir a las calles, entrevistar personas, practicar eso que tanto veía por la televisión, aquellos reporteros enfrentándose a personas con una cámara o una grabadora en mano, tomando nota de cualquier suceso público.
Pues las ansias no se hicieron esperar, el primer día del semestre, a las 7 de la mañana, en el aula A1-25, nos recibió un profesor de más o menos 1metro y 82 centímetros, cabello muy corto, casi rapado, con barba y de contextura muy gruesa, Robinson Lizano es su nombre, que empezó la jornada reafirmando cada una de las normas que antes, repetidamente, ya cada profesor nos había dado.
El 28 de octubre del 2005 tenía la primera práctica, para la cual debía hacerle seguimiento por lo menos durante un mes a cuatro noticias, donde pondríamos en práctica los Leeds, o párrafo introductorio de la noticia.
De ahí pasamos a la segunda evaluación donde aprendí que si pensaba que hacer un video era sólo agarrar mi videograbadora y filmar, estaba equivocado, el video constaba de cinco míseros minutos que para mi fueron dos semanas de grabación, inexperto en la materia, pensé que de tanta grabación que tenía, se me iba a hacer fácil contar una historia con calidad periodística, pues, nunca fue así... no encontraba donde meter tanta información.
Mi lunes negro pasó con un 14 en la hoja de registro del profesor, no conforme con eso, pasando varias pruebas, como, Leeds para impresos, la redacción de una noticia completa y redacción de una pauta publicitaria, debía realizar el trabajo final que era la creación de una cuña publicitaria de 30 segundos.
Ya no hallaba qué hacer con tantos Leeds, que si el duro, el suave, el de captación, el demorado, el de paragua, el de pregunta, el de fantasía. Por supuesto puse en práctica la fantasía pero no como Lizano quería, pues el 03 me lo dejó muy claro.
Terminado el semestre a duras penas, pensaba en no volver a pasar por aquel terror inminente que invadía mi mente. No es que Lizano sea un monstruo, no, sino por las prácticas tan matadoras que tuve que pasar. Mis súplicas fueron escuchadas, no supe más nada de él. Pasé mi cuarto semestre, continué con el quinto y llegué al sexto.

II parte, Monopolio Lizano-Rincón

El día de las inscripciones al sexto semestre, mientras esperaba poder cuadrar el horario, escuchaba comentarios sobre que para periodismo I habían dos profesoras: la primera, Liliana Elías, era primera vez que daba clases y de quien nadie sabía cómo era su método. La segunda, Ivonne Rincón, y sobre quien sólo se oían advertencias.
“Cuidado con Ivonne”, “si tienes oportunidad de escoger a Liliana, agárrala”, aunque también habían comentarios como “si quieres aprender, escoge a Ivonne, ella es estricta, pero sabe mucho, además de ser justa”.
Al enterarme que era la esposa de Robinson, el miedo invadió mi cuerpo y mente, así que me fui por Liliana Elías, pues pensé que así le ganaba una a la vida. No fue así. En el séptimo semestre no había “tu tía”, Periodismo II sólo la daba, nada más ni, nada menos, que Ivonne Rincón.
Es aquí donde comienza el monopolio Lizano-Rincón, una y otra vez, hasta el final de la carrera tienes que verlos casi todos los días, los lunes, martes y miércoles con Robinson, jueves y viernes Ivonne.
No obstante, son los potenciales jurados al momento de presentar la tesis, pues, Lizano tiene experiencia en audiovisuales, impresos y algo de radio, Ivonne, en impresos, revistas, manuales de estilos. Es decir, no hay salvación.
Y por si fuese poco, ya graduado, ellos son muy conocidos en todos los medios de comunicación en la zona. Es mejor prepararse para irles a pedir trabajo de una vez.
El monopolio Lizano-Rincón está tan internalizado en la materia que hasta un evento donde se premia a los mejores videos de la universidad hechos por los estudiantes lleva el nombre de uno de ellos: los “Premios Robinson”
A pesar de todo, no me quejo, la calidad profesional de cada uno de estos profesores es indiscutible, he aprendido mucho con ellos.
Resultados
Calidad Profesional de la cual no me he salvado y por los viendos que soplan no me salvaré, pues estos dos profesores, actualmente estando en el 9no semestre me tienen la vida estudiantil un desastre y por los vientos que soplan tendré que seguir calándomela, aunque ellos no dictan clases en el décimo.